viernes, 30 de enero de 2015

El orgullo que bloquea



Japón está formado por islas, como Cuba y su principal enemigo podría ser su gran vecino, EUA, pero no es así. Los japoneses son muy orgullosos, chovinistas y conservadores _mucho más que los cubanos_ y sus razones para odiar a EUA también son abismalmente mayores que las suyas, pero no lo hacen. Ya no odian.

Japón fue derrotado y humillado y su pueblo exterminado por el horror de las bombas atómicas que los aviones norteamericanos dejaron caer sobre Hiroshima y Nagasaki. El apoyo del gobierno norteamericano a la invasión de Bahía de Cochinos y el embargo económico a Cuba no pueden ni remotamente compararse en gravedad con la trágica afrenta sufrida por los nipones. El gobierno japonés se tragó su orgullo y asumió la derrota con humildad y sabiduría. Ellos aceptaron la amistad de su enemigo, convirtiendo el revés en victoria económica y tecnológica. La relación con Estados totalitarios, como el régimen de Hitler en Alemania y el de Mussolini en Italia, no nos trajo nada bueno _razonaron los japoneses_, pero la paz y el comercio con los EUA nos han permitido alcanzar la grandeza que un día soñamos

La derrota sufrida por Japón a manos de EUA en la Segunda Guerra Mundial sacó bruscamente a los nipones del atraso medioeval en que se hallaban, para colocarlos en pleno siglo XX y en pocas décadas convertirles en una de las principales potencias del mundo que, a diferencia de China, Vietnam y Corea del Norte, que apostaron por la Unión Soviética, hoy día posee una sociedad democrática y sana que progresa con libertad, no solo en las ciencias e industrias, sino también en las artes, el cine, la literatura, la música y la cultura en general.

Cuba podría tener todo eso y más _ya que se encuentra más cerca geográfica y culturalmente de los EUA que Japón_ si se tragara su orgullo, aceptara la derrota y el largo error, y estrechara, sin rencores ni reservas, la mano que su vecino rico del norte le brinda.

Los japoneses son más orgullosos que los cubanos, pero también más inteligentes. Ellos tardaron solo unos pocos años en aceptar la superioridad de la democracia como sistema social y maquinaria de progreso, mientras que los cubanos hemos tardado 112 años( 56 años de democracia y amistad con EUA, seguidos de 56 años de estalinismo y Guerra Fría ) en comenzar a digerir lo evidente: que los primeros 56 años de su historia fueron los mejores en todos los sentidos para la república cubana, mientras que los últimos 56 años, correspondientes al periodo revolucionario, han sido los peores tiempos para Cuba desde que Colón llegó a la isla.

Tras medio siglo de amistad con EUA, la educación japonesa es una de las más avanzadas del mundo y su sistema de salud es tan bueno, que actualmente son el pueblo más longevo del planeta. En el mismo periodo, mientras Japón pasaba de los samuráis a la robótica, Cuba pasó de ser el primer país de América Latina en desarrollar la radio y la televisión( antes que España ) a ocupar el tercer lugar _sólo superada por China y Corea del Norte_ entre los países con menor acceso a internet y a las nuevas TIC del mundo.

Cuando Obama dijo que tras medio siglo de intentar lo mismo sin éxito, es preciso reconocer los errores y emprender un nuevo camino, no solo se estaba refiriendo a la actitud del gobierno norteamericano hacia Cuba: Si después de 56 años de castrismo, el país se encuentra en la ruina y la sociedad destrozada, quizás sea tiempo ya de cambiar de sistema y regresar al futuro perdido en los errores del pasado. 

Obama pudo reconocer los errores cometidos por sus antecesores en la Casa Blanca por que no son suyos y porque su administración ha logrado la independencia energética y el renacer económico de su país, pero el orgullo de Raúl Castro no le permite reconocer los errores de la revolución castrista con tanta ligereza, ya que son los errores de su hermano y los suyos propios; los mismos que ha defendido con uñas y dientes durante más de media centuria y que, lejos de obtener resultados positivos, lo que han conseguido es llevar a la ruina a Cuba y a otros países cautivados por su ideología, como Venezuela. Hubiese sido un milagro escuchar otra cosa de boca de Raúl Castro en la cumbre de la CELAC que comenzó ayer, 28 de Enero de 2015 _en el natalicio de José Martí, el gran poeta modernista y masón, que entregó su vida por la independencia y la república de Cuba_, que no fuera condenar el embargo de EUA a Cuba, felicitar a Obama por reconocer los errores de su país y anunciar como triunfo de la revolución, lo que en verdad es su derrota, puesto que sobrevivir usando al pueblo de rehén no es vencer, sino delirio de poder. Una enfermedad incurable que ataca al ego de los políticos y que solo se puede evitar limitando, sin excepciones, la duración de cada mandato presidencial, ministerio y escaño en las diferentes instituciones parlamentarias y representativas, en democracia.


Tuvo que ser Mujica _el único político modesto de América_ quien pronunciara las palabras que no pudo decir Raúl Castro: Dijo que no va "a pedir cuentas al imperialismo yanqui ni a la prepotencia europea porque el problema ha sido nuestra incapacidad".

Para que el histórico paso emprendido por el primer presidente afroamericano de EUA no se quede en el gesto congelado de una foto, es imprescindible que se produzca un relevo joven en el poder de Cuba, sin manchas de sangre en el expediente, para que pueda reconocer los errores de sus antecesores sin sentir su propio orgullo herido, y hacer borrón y cuenta nueva con la misma frescura que Obama. 



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