Estuve leyendo Los Dominados y el arte de la resistencia, de James C. Scott, y dice que mientras más dura es la represión, más intenso es el silencio de los dominados. Es la muda protesta a la que se atreven los esclavos, los asalariados, los niños y los presos, cuando sus amos, patrones, padres y carceleros cometen una injusticia. El silencio exagerado es la denuncia del miedo.
La espera terminó. Mañana 31 de marzo vuelo a La Habana y que salga el sol por donde salga. No tengo influencias en Cuba ni permiso de entrada, pero tengo un par de buenas razones para intentarlo. Soy cubano y artista, no un criminal o un terrorista y tengo todo el derecho del mundo a entrar a mi país y pisar las calles nuevamente, abrazar a mi familia y seres queridos y participar en el festival de videoarte de Camaguey al que estoy invitado.
Es cierto que estoy a favor del desarrollo de la democracia y de la libertad de expresión en mi país, de que todos los cubanos puedan acceder a Internet y tengan los mismos derechos y oportunidades y que nunca más se les llame gusanos, escoria, ratas, enemigos... y se les censure, reprima y castigue por pensar y obrar diferente a los intereses del régimen. Es cierto, soy el invitado indeseado, y qué.
¡Arte o muerte,
ya veremos!
Maldito Menéndez
