miércoles, 23 de octubre de 2013

TEORIZANDO EL MEDIA HOY. Por Abdel Hernandez San Juan


El pasado 28 de Septiembre publiqué el post ArT YoU TALkiN' tO Me? eL extraÑo diáLogo entRe eL arTe y la filosoFía en CubA, en el que comentaba y recreaba el precario cultivo del arte, la filosofía y la independencia, entre otras especies amenazadas en la isla de lo real-espantoso, a partir de una fotografía de Abdel Hernandez y Ezequiel Suarez _a los que definí como filósofo-artista y artista-filósofo, respectivamente_ durante una muestra en Cristo Salvador Galería; un espacio-burbuja cultural e independiente que existe en La Habana. Hoy les traigo el borrador de un ensayo reciente de Abdel Hernandez, que yo diría que aparentemente trata sobre Internet como "re-medio de la media-enfermedad", pero que, aunque no menciona en ningún momento el ámbito cubano, implica una denuncia muda de los funestos efectos que tiene para la cultura, la economía y la sociedad en general, la represión del acceso a Internet dentro de Cuba.


Teorizando el Media Hoy



       Una de las imágenes más sobrecogedoras entre aquellas que relacionamos a lo que entendemos por media, tanto respecto a su concepto como a su portador material, su mediaticidad, es la de la simultaneidad receptiva, bien sea que hablemos respecto a medias que consideramos masivos, como la televisión, o de aquellos otros que entendemos relacionados a la informática y la cibernética, el internet y la navegación ciberespacial en casa las 24 horas. Ambas son medias y se ofrecen a la representación por el hecho de que suponen la simultaneidad de un envío definido por una serie de puntos más o menos dispersos, más o menos ordenados, los cuales representan sobre un plano a una multiplicidad de receptores quienes reciben y entre quieren transita y circula a la vez una misma imagen, es decir, relaciones entre textos e imágenes y cierta idea de señal haciendo esta transmisión codificable, así como también el aparato, es decir, ese aparataje y su parafernalia, la máquina misma que en inglés llamamos machine, dispositivo por medio del cual, ese receptor, que en su coseidad objetificada no somos nosotros sino un material, capta aquella señal y la transmite.

          Ese receptor es así, antes que la persona que recibe una transmisión, antes que el televidente o el cibernauta, el dispositivo mismo: que no es sino ese aparato, esa machine. Este se presenta y se ofrece a la señal como una primera conceptualidad del receptor a la cual es inclusivo el concepto weberiano de un “tipo ideal”, es decir, la lógica formal abstraída que establece la relación entre un envío y un recibimiento donde el recibidor no tiene que ser otra persona, un destinatario, sino antes esa coseidad otra estandarizada, homogeneizada, despersonalizada, esa abstracción hecha dispositivo, formalmente vuelta tecnología y la cual reúne ciertos prototipos electrónicos, computacionales y digitales, efectivamente formas de hacer tangibles relaciones visibles entre imágenes y sonidos que en ninguna otra forma habíamos conocido allí afuera vueltas una objetificación otra, una coseidad fáctica, más que como les conocíamos en nuestro sistema perceptivo. Las mismas están, sin embargo, vaciadas de toda autorepresentación desde si mismas para si mismas y por supuesto, carecen de autoconciencia. 

            Es menester aquí enfatizar en el hecho de que sabemos que en el mundo anglosajón, en el teorizar sobre el media en inglés ponemos el énfasis, menos usual en otros lares, en el hecho de que se trata en última instancia de machines las cuales conforman artefactos objetificados en su coseidad, algo que entre otras cosas se debe a la preponderancia que adquiere, de un lado, la reproducción de la imagen de ese media, visto desde afuera como aparato, tanto en la publicidad con todo el efecto de hiperrealidad propio a esta, como debido a su sobreabundancia. Por un lado, como parafernalia en los mercados; formas año por aňo renovables de la tecnología, en que podemos ver como fenómeno visual las formas que adquieren esos dispositivos de la coseidad mediática en tanto simples artefactos en las tiendas, pero también debido a todo el cacharerio y la chatarrería que posteriormente ese desecho genera una vez más como fenómeno a la vez material y como coseidad visual. Este énfasis en la coseidad objetificada del machine que pudiera, según la seducción publicitaria entenderse como una sujeción al media, ha generado, paradójicamente, todo lo contrario, la distancia de su objetificación y por lo mismo una relación si se quiere a la ves más hiperreal, pero también más desmistificada hacia su carácter de machine y su coseidad, a diferencia de culturas en las que la subjetividad permanece más imbuida por la cultura que ese media genera. 

          De modo que sabemos y enfatizamos el hecho de que en el lugar de un receptor real, el cual por si mismo decodificaría recurriendo a un acerbo, una cultura y una conciencia, este autómata abstraído, en algunos medias este autómata robotizado, le ofrece al destinatario real, primero en tanto coseidad objetificada allí afuera, en tanto machine, una repetición frente suyo de imágenes que en otro modo más que en su propio principio perceptivo, no había visualizado allí afuera. Algo que, esta repetición de principios que generan una imagen, vuelta una coseidad otra, en ese aparato, en ese computador, en ese laptop, en ese televisor, etc., y las imágenes que transmiten, llamamos, de hecho, y no por gusto, imágenes mediadas. Esta es la primera y más significativa razón por la cual, de hecho, les llamamos medias. Hacen así los medias el trabajo que haría el sistema decodificador de las personas, las lenguas y las culturas sin necesidad de mediaciones. En tanto sólo presentan a lo sumo su re-presentación no puede ser más que eso, una re-presentación, es decir, el volver a presentar de una presentación. Y esta es la razón por la cual los representantes del media no son sino re-presentantes, es decir, ellos no representan nada sino sólo al media mismo como presentantes, se presentan y presentan al media, presentan las presentaciones que el media re-presenta, vuelve a presentar, pero las cuales el media mismo no las puede representar. Por eso en el media decimos que todo circula como en un envío, como en un lugar de transición, de paso, y de ahí su mediación y su mediatización. De ahí también la razón por la cual durante algún tiempo ensimismados en este principio mediatizador según el cual el media le hace el trabajo a la gente, la crítica del media estuvo enfocada en el hecho de que los medias adormecían a la gente, que estandarizaban sus percepciones y empobrecían sus representaciones, homogeneizándolas, que las idiotizaba, obviando así la capacidad de esa misma gente para escoger, para formarse una idea propia y crítica. 

          Ahora bien, la simultaneidad del media tiene consecuencias significativas en la medida en que de un lado desdiacroniza el espacio social, en tanto espacio de las imágenes de lo social, (el concepto de diacronía representa una línea de puntos continuos que presenta una idea de sucesión lineal). El media mismo es la disyunción de toda idea de secuencia necesaria, o más precisamente, de necesidad en la secuencia, muestra no sólo que esa secuencia es reversible, se puede retroceder tantas veces como se quiere, como en el retroceder de un film mostrando su arbitrariedad, se puede repetir tantas veces como se quiera, se puede cambiar esa secuencia, se puede editar, corta aquí y pega allá, modificar, esto va con esto y aquello con aquello otro. El media es, de hecho, la exacerbación del principio mismo de lo editable y de ahí su desmistificación y su desauratización mediática de la secuencia, así como su relación estrecha y directa con la retórica, es decir, con el lenguaje entendido como artilugio, como artífice. 

          Si es una imagen no sólo repetible sino también mediada y si no tiene porque ser en esta o aquella forma, y podrá ser lo mismo en esta otra que en aquella otra forma, no es sino porque la secuencia no es necesaria y porque su artificio de lenguaje conoce sus formas, sus artimañas, su retórica, su seducción, su eficacia, si es una cuña publicitaria o un corto de publicidad, si es un spot de imágenes promocionales, o un programa en una programación, si es un film o un documental, etc. Por eso decimos que el media, que se organiza en el mejor de los casos de acuerdo con una sociología de los gustos, del consumo y de las preferencias, de los horarios y de las edades, programación infantil, programación adulta, etc. es un aparato en los distintos sentidos de esta palabra, tanto porque lo es directamente, tenemos de hecho en la casa algún aparato físicamente que le representa, el televisor o la computadora personal, el laptop, etc, como por el aparataje que supone la forma retórica que le soporta como vaciada de toda inmanencia, entendida en su exponencialidad de seducción, en su poder encantatorio, y esta es la relación que tenemos con el media entre la retórica y el encantamiento del mundo que algunos hemos teorizado como una modalidad de la teatralidad de la forma, como en el teatro kabuki en el que vemos al muñeco y toda la forma como se crea la escena e incluso a quien le mueve y ofrece su voz, desauratización que funciona, claro, sólo si queremos ser encantados.

         En su principio de no necesidad en la secuencia, de arbitrariedad de lo secuente, el media supone la desdiacronización de toda idea de continuidad que estaba implícita en nociones como las de hábitos y costumbres respecto a las tradiciones, razón por la cual decimos que mediatiza a la cultura misma. En el lugar de aquellos hábitos crea el hábito vaciado de ver al media, idiotiza a la gente, según decían sus críticas tiempo atrás. Se trata de imágenes las cuales el media las presenta y re-presenta tantas veces como quiere mostrando su desauratización, su carácter de imagen vaciada de su relación a una cultura, porque el media mismo es este vaciamiento, fenómeno que ocurre también con cualquier fenómeno de narratividad, en tanto el media y su mediatización de la cultura, y el media mismo como cultura, la cultura del media, desnarrativiza el espacio social, desmistifica las narrativas, las muestra en su artilugio, las devuelve a la simultaneidad del ahora y aquí de esa imagen toda vez repetible. 

          Sin embargo, esta desdiacronización mediatiza y mediatizada de las imágenes del espacio social, no supone en su lugar la idea de una sincronización la cual consistiría en sincronizar diferentes diacronías que serían ellas mismas simultáneas entre sí, por cuanto en su desdiacronización mediática de las imágenes del mundo social, las diacronías no pueden ya corresponderse todas ellas cada una según su propia secuencia unas a las otras por algún orden que sería, por ejemplo, de homología, de derivación o de subordinación, sino que antes bien se ofrecen a la idea de la heterogeneidad absoluta y total, es decir, total e infinitamente heterogéneo, por cuanto la heterogeneidad absoluta de la simultaneidad rebasa la idea de múltiples diacronías no coincidentes que no se corresponden ellas mismas a necesidades en la secuencia, y por lo mismo disyuntas, las mismas también son desincronizadas. Esta heterogeneidad absoluta, paradójicamente resulta más pacífica, convivencial, equilibrada y armónica que sus antepasados diacrónicos (lineales), sincrónicos (simultáneos acompasados) y acrónicos (crónicos acrónicos según el corte sincrónico). En ella, la era de la heterogeneidad total, todo esta mediado y mediatizado, las diacronías, las sincronías y las ácronas han sido ella mismas también mediatizadas en el artilugio de esa mediación mediada y mediática. El mundo ha sido transformado en una telecomunicación, los destinatarios de los lenguajes han sido transformados ellos mismos en dispositivos de transmisión los cuales por si mismos median no ya representaciones sobre el mundo de las cosas, aunque también en tanto transmiten microrepresentaciones infinitesimalmente como diminutas narrativas, sino antes bien presentaciones en tanto media del principio mismo de lo que hace presencia en la presentación, media así el modo en que las imágenes se presentan, ofrece una presentación que el dispositivo hizo por si mismo según esa cosa allí afuera, ese aparato.

           Sin embargo, no fueron propiamente la televisión o la radio las que pudieron hacer este trabajo de armonización pacífica de la heterogenización, porque para que esta nueva armonía pacífica actual fuera posible, fue necesario el principio de la fractalidad que esa heterogeneidad suponía se transformara ella misma, ese fractal, en un nuevo media, en una nueva tecnología de esa fractalidad devolviéndole a la gente la posibilidad de participar en esa comunicación. En la televisión el televidente era una entidad pasiva no sólo en tanto recibía un material estandarizado, homogeneizado y mediatizado, sino en tanto recibía un discurso masivamente codificado, porque en su desdiacronización y desincronización, aunque tenían consecuencias sobre las nociones de continuidad y secuencia, no podían ni la televisión ni la radio abrirse ellas mismas en tanto medias, tecnológicamente hablando, a la fractalidad y la mediatización desdiacronizadora que ellos suponían en el espacio social, a la nueva realidad, los nuevos espacios de vida y heterogeneidad en la comunicación que tenían lugar con estas refiguraciones. 

         Y es por este motivo que en el lugar de las antiguas continuidades y sus inmanentismos de lo necesario, como no pudieron ellos mismos, la televisión y la radio en tanto tecnologías, abrirse tecnológicamente a la heterogenidad y fractalidad que suponían, se transformaron ambas en una cultura otra del media, de metarelatos, una forma otra de representaciones de totalidad, mediáticas, según lo que entendemos como representaciones colectivas, es decir, vaciadas claro, en el artificio y el artilugio de su retórica, se transformaron en nuevas metanarrativas y trataron de crear toda una metacultura mediatizada del media respecto a esa cultura misma que mediatizó en sus imágenes. Toda su parafernalia terminó siendo una en torno a quienes son los dueños o propietarios de tales televisoras, canales o emisoras, de esas maquinarias de producción de simulacros de totalidad mediatizados.

          Así el internet en casa las 24 horas es el nuevo media pacífico y participativo de la era fractal, del fragmento y la metonimia, en la cual la disyunción heterogénea es rearmonizada en el principio natural y en el principio espiritual, en el lugar de los receptores otrora pasivos, estos nuevos se transforman en performadores interactivos y creativos, en el lugar de y en vez de representaciones de totalidad, el internet restablece y restituye la fractalización de la simultaneidad en la heterogeneidad devolviendo a cada quien su posición más humilde ante el mundo a la vez que volviéndole más creativo y participativo. Este supone las nuevas velocidades y las nuevas ultraceleraciones de los ritmos de la comunicación y la información que como nuevo media trae implícito, sobre todo las nuevas formas del nomadismo textual e informacional, en esa misma medida restablece la relación viva del media con la vida, de la tecnología con la vida y los ecosistemas ecológicos y en la misma medida con las tradiciones vivas en cierto modo reciclando y ofreciéndose como una nueva alternativa. El internet se ofrece así como el media de la revitalización, no propone ni sincronizaciones ni totalidades vacías, sino rearmonizaciones fractalizadas restituyentes de la simultaneidad participante, lúdicas y muy relacionadas al entretenimiento. Un entretenimiento, sin embargo, infinitamente más ilustrado y rico en sus posibilidades y potencial, tanto por el tipo de afectividad que supone a los modos de la relación, la conectividad lúdica e interactiva, como por la riqueza a la vez intelectual y visual que ofrece a sus usuarios. Es de hecho el usuario quien define por si mismo, entre la infinidad infinitesimalmente miniaturizada de opciones, cuáles son sus itinerarios y sus viajes, material visual y escrito que recorre, lee, disfruta, procesa o selecciona. 

        Supone así toda una nueva cultura ecológica de la ciudad y el habitad urbano en los grandes países altamente desarrollados, según mi propia experiencia individual viviendo en Houston desde 1997 hasta el 2002 con el internet en casa las 24 horas, así como supone también toda una nueva panóptica y una redistribución según otras cartografías de nuestras representaciones del saber. Las librerías mismas y las bibliotecas, para ser óptimas y eficaces para los clientes, tanto como para la reproducción y circulación de ese saber, reorganizan informática y cibernéticamente para el computador sus bases de datos según webs que las vuelven bibliotecas y librerías visitables y recorribles desde el internet, se vuelven así bibliotecas accesibles según webs y clicks, y en la misma medida las imágenes del saber implícitas en estos nuevos inventarios, a estos nuevos modos de clasificar propios de las velocidades de las comunicaciones, ofrece otras cartografías del conocimiento y el saber como abordable, recorrible, accesible para cualquiera, relacionándolo así a la cultura viva, como conocimientos que tienen que  entrar a formar parte y no así como universes estancos.

          El internet tiene así consecuencias positivas sobre nuestras representaciones no ya sólo de los nomadismos textuales que afectan positivamente a nuestros propios ensayos, papers académicos, comunicaciones por emails y textos, sino también de nuestras representaciones sobre lo que son la memoria e incluso de nuestros conceptos de archivo. De modo que los puntos simultáneos y sus líneas sobre el plano, otrora remitidos a los efectos de la televidencia, con el internet son todos ahora puntos creativos, cada uno de estos puntos que sobre el plano resultaban receptores de recepciones previamente mediatizadas como decodificadores masivos, se transformaron con el internet en nuevos performadores creativos generadores ellos mismos cada uno de una creatividad lúdica e interactiva. 

       Así, en el lugar en que la televisión y la radio dejaron una cultura sedentaria, el internet restablece una cultura productiva, todo el mundo tiene el internet en su casa, lo mismo uno como ensayista, literato y teórico, que lo tiene un ser urbano cualquiera que vive en plena ciudad, e incluso representantes de tradiciones vivas. Llego, de hecho, a todos los rincones, en la misma forma en que otrora lo hicieron la televisión y la radio. Además del modo en que restablece las relaciones directas entre las personas también crea nuevos modos de comunicación con todo, el ir de compras, el calendario de la semana en el trabajo, los lugares a donde ir en la ciudad, las actividades de las escuelas de nuestros hijos, el ir de mercado, el consumo, la disposición de libros, material intelectual, ensayos, coloquios, materiales sobre los temas en los que trabajas, etc. todo funcionando con alta eficiencia y a grandes velocidades. Cada quien según la literatura que le fascina o interesa, bien sea por motivos intelectuales o de entretenimiento, visita y consigue el material que requiere, y el mundo se vuelve en un universo disponible y lúdicro. Acaba con el ocio y transforma a todo el mundo en productivo estableciendo una cultura ecológica de reciclage como forma creativa de vida, exponencia por lo mismo el talento y transforma la infinitesimalidad del punto  en creatividad telecomunicada aquí y ahora a la vez y a altas velocidades, las totalidades no pueden ser sino solo evocadas. 

        En este nuevo mundo el media no es ya aquel que media y mediatiza nuestras imágenes sino antes bien aquel que es remediado por nosotros en una suerte de nueva terapéutica globalizada.

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Una producción de CAstor JABAo patrocinada por la Campaña ¡Raúl Castro Rúz: Libre acceso a Internet para todos los cubanos! http://www.change.org/freeinternetcuba #Firma y #Pásalo. 1849 firmAs y subiEndo!



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