viernes, 20 de junio de 2014

Happy End. A propósito de Silvio...

Leni Riefenstahl joven. Alemania, 1934.

No soy el único, ni mucho menos, que experimenta una abismal puñalada al escuchar _hoy, en pleno futuro_ algunas de las letras y melodías más bellas, profundas e inspiradoras que se hayan escrito nunca, sabiendo que su autor ha sido para la revolución cubana, lo mismo que Leni Riefenstahl para el fascismo alemán: su flautista de Hamelin.

Es tan dolorosa la contemplación simultánea de las opuestas mitades del Vizconde, que he sorprendido a mi mente fantaseando con un Silvio desencantado con aquello desde hace mucho, pero incapaz de expresarlo abiertamente, amordazado por algún drama automovilístico o doméstico, mezclado con JB, que acabó mal y ellos lo barrieron bajo la alfombra; fotos con la mujer o la hija de alguien o quizás su joven esposa sea en realidad una flautista del aparato encargada de embobarlo con su órgano, que es del Partido.

Mi última fantasía para conseguir volver a escuchar Cuando digo futuro sin dolor a metal en la espalda _del lado del corazón_, es que Silvio está infiltrado en el corazón mismo de la bestia, trabajando en la sombra por la segunda revolución _diecisiete instantes de un eterno verano_; haciendo política desde adentro, por su cuenta; haciéndose el bobo, no chocheando. 

En mi paja, Silvio Rodriguez no es el poli bueno que vimos salvar a Roberto Carcassés de las garras del Ministerio del Olvido, sino un miembro secreto de esa conspiración, el salvavidas de la Operación "Liberen a María" o ( crescendo ), el autor intelectual de todo el asunto, y su reciente entrevista en Cubadebate _donde dice, en esencia, que la revolución le ha hecho quedar mal con su público y que es mejor que el gobierno de su país libere Internet en la isla, antes de que lo haga Google_, es una nueva jugada del futuro Rubén Blades de Cuba para recuperar los unicornios perdidos. 

En mi paja, el IPhone de Silvio suena otra vez. Es Angel Santiesteban desde la cárcel, llamada nacional. _Aló?

 Ahhhhhh………..

Leni Riefenstahl en Africa, 1964



happy end


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